LA VENEZUELA SANCIONADA, La amenaza a la integridad espiritual y política de la nación.
Trabajo de Investigación realizado para el Diplomado en Medidas Coercitivas Unilaterales. Universidad Venezolana de Hidrocarburo. Disertaciones Libres.
D. Rincón, PHD.
LA VENEZUELA SANCIONADA.
La amenaza a la integridad espiritual y política de la nación.
Ensayo de Investigación Crítica inspirada en la obra de Mario Briceño Iragorry.
La Biopolítica del Bloqueo: Del Cuerpo Sancionado al Sujeto de Autoafirmación. Espacios de Emprendimientos senderos de resilencia y paz.
En el marco de las 1.088 medidas coercitivas, el Estado-nación y su población son sometidos a lo que se puede definir como poder excluyente. Las sanciones actúan mediante la privación sistemática de los recursos necesarios para la reproducción de la vida biológica y social. Es una fórmula que actúa en la degradación de las condiciones de existencia hasta que el cuerpo social, exhausto, se vuelve dócil.
I. El cuerpo social
Bajo el régimen de sanciones, el ciudadano venezolano se convierte en un objeto donde salud, alimentación y la movilidad son restringidas por algoritmos de control financiero internacional que operan desde la opacidad.
La sanción intenta romper el tejido social al forzar al individuo a la atomización donde la carencia y la supremacía del yo, priorizando ante todo la supervivencia biológica básica. Es aquí donde el desarraigo de Briceño Iragorry se manifiesta biopolíticamente: el sancionado pierde el derecho a ser ciudadano para quedar reducido a ser solo un cuerpo que sobrevive.
Esta realidad socava los cimientos sociales y hace que en ella prive la teoría del más apto; destruyendo valores y principios éticos, provocando el reduccionismo social y el deterioro de las relaciones.
II. El camino: la Autoafirmación
Frente a esta estrategia de desposesión, la propuesta de “re-habitar el espacio” se erige como una biopolítica de la autoafirmación. Es en sí misma una respuesta que nace de la base material del sujeto. Se empieza un proceso de construcción y emprendiendo al producir sus propios insumos, generar redes de intercambio local y/o intentar recuperar técnicas de autosuficiencia; el ciudadano desde esta perspectiva comienza entonces a gestionar su soberanía ontológica. Deja de esperar la “importación” del bienestar; constituyéndose él mismo en el garante de su propia vida. Mediante esta autoafirmación reconstruye la base material de existencia.
En la lógica de la biopolítica, el poder siempre intenta administrar el flujo de recursos, pero gracias Al crear circuitos locales de producción (lo que Iragorry llamaría el valor de lo propio), se subvierte el algoritmo del bloqueo. Podría decirse que, crea una “vida que se autogestiona”, haciendo que la sanción pierda su efectividad: si el cuerpo social logra sostenerse a sí mismo a partir de su territorio, la presión externa pierde su capacidad de chantaje.
III. Hacia una Ética de la Presencia
Esta biopolítica de la autoafirmación requiere, siguiendo a Briceño Iragorry, una ética de la presencia. No es suficiente con producir; es necesario ser consciente de que ese acto productivo es un ejercicio de soberanía.
El sujeto que re-habita su entorno —sea cultivando, creando tecnología local o gestionando la comunicación desde la identidad propia— está realizando un acto de resistencia civil que, en términos biopolíticos, es una declaración de autonomía vital.
IV. Conclusión: La soberanía como acto de conciencia
En última instancia, la resistencia frente a las medidas coercitivas no es solo una estrategia de supervivencia económica; es, fundamentalmente, una batalla por la integridad del ser nacional. La biopolítica del bloqueo, diseñada para disolver la cohesión social mediante la privación, encuentra su límite infranqueable en la revalorización de lo propio.
Al invocar el legado de Mario Briceño Iragorry, comprendemos que el desafío no reside únicamente en la superación de la escasez material, sino en la reconstrucción de una conciencia histórica.
El ciudadano que emprende, que produce y que se organiza en su comunidad, no está solo generando bienes; está ejerciendo un acto de soberanía ontológica. Está respondiendo al poder excluyente con una “ética de la presencia” que afirma que, aun en las circunstancias más adversas, el venezolano no ha sido reducido a un objeto de control, sino que ha mutado en sujeto consciente de su propio destino.
La paz, en este contexto, no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad inquebrantable de autogestionar nuestra existencia sin renunciar a nuestra identidad. La verdadera derrota de la sanción ocurre cuando el cuerpo social, en lugar de fracturarse, se reconoce en su territorio y, desde esa raíz profunda, proyecta una forma de vida que el algoritmo financiero jamás podrá someter.
La soberanía, entonces, deja de ser una abstracción del Estado para convertirse en la práctica cotidiana de un pueblo que decide, ante todo, seguir siendo dueño de sí mismo.
Referencias Documentales
Briceño Iragorry, Mario (1981) Mensaje sin destino, Caracas: Monte Ávila. Publicado en 1951.
Foucault (1979) «El nacimiento de la biopolítica». (1a ed. en español). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 401 pp.
Varios Autores (1998) Veinticuatro visiones sobre Mario Briceño-Iragorry, Compilación e introducción de Rafael Rivas Dugarte, Venezuela: Comisión Presidencial para el Centenario del Nacimiento de Mario Briceño Iragorry.
Con Informacion de EL TEXTO.





