¡Alerta visual! El peligro invisible de dormir con lentes de contacto.
Lo que para muchos parece un olvido inofensivo tras una jornada agotadora, para los oftalmólogos representa una de las mayores amenazas para la salud ocular. Dormir con lentes de contacto, incluso aquellos etiquetados como de «uso prolongado», incrementa drásticamente la probabilidad de desarrollar infecciones graves y daños irreversibles en la córnea.
La córnea, el tejido transparente que cubre la parte frontal del ojo, no tiene vasos sanguíneos y obtiene el oxígeno directamente del aire. Al cerrar los párpados sobre un lente de contacto, se crea una barrera que priva al ojo de este elemento vital.
Riesgos críticos para la salud visual
El uso nocturno de lentillas está asociado a diversas complicaciones que pueden comprometer la visión de manera permanente:
- Queratitis infecciosa: El riesgo más severo. Las bacterias, hongos o parásitos pueden quedar atrapados entre el lente y el ojo, provocando úlceras corneales que, en casos graves, requieren trasplante de córnea.
- Hipoxia corneal: La falta de oxígeno hace que la córnea se hinche (edema), lo que puede causar visión borrosa y la formación de nuevos vasos sanguíneos anómalos que enturbian la vista.
- Conjuntivitis papilar gigante (CPG): Una reacción inflamatoria que genera protuberancias en el interior del párpado, provocando intolerancia a los lentes y secreciones constantes.
Recomendaciones de los expertos
Para mantener una salud visual óptima, los especialistas recomiendan seguir la regla de oro del mantenimiento:
- Retirada obligatoria: Quitarse los lentes siempre antes de dormir, incluso en siestas cortas.
- Higiene rigurosa: Lavar y secar las manos antes de manipular los lentes y utilizar siempre soluciones desinfectantes estériles (nunca agua del grifo).
- Renovación del estuche: Cambiar el estuche de los lentes cada tres meses para evitar la acumulación de biopelículas bacterianas.
Con Información de AGENCIA VN.





